El incendio ocurrido en la refinería Olmeca, ubicada en Dos Bocas, municipio Paraíso, Tabasco, vuelve a poner en evidencia los problemas que arrastra este megaproyecto petrolero emblemático del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. La emergencia, que dejó cinco víctimas fatales, generó un fuerte impacto en la comunidad y en la opinión pública regional.
Las autoridades han informado que la causa probable del siniestro fue el desbordamiento y estancamiento de aguas aceitosas contaminadas con hidrocarburos tras fuertes lluvias, que se encendieron en el exterior de la barda perimetral de la refinería. Solo uno de los fallecidos era trabajador de Petróleos Mexicanos (Pemex), mientras que los otros cuatro pertenecían a una empresa externa y quedaron atrapados en un vehículo cuando el fuego se propagó en una vía federal adyacente.
Pemex asegura que la operación de la refinería continúa con normalidad y que el incendio se originó fuera de sus instalaciones, aunque la versión oficial sobre un rayo como detonante aún no está confirmada. Este hecho revive inquietudes históricas sobre la construcción y operación de Dos Bocas: denuncias por tala no autorizada de 200 hectáreas de selva y manglar, evaluaciones ambientales apresuradas, sobrecostos y retrasos, así como la ubicación en un municipio con dificultades ecológicas y de construcción, señalado desde 2008 como el peor sitio posible.
Uno de los aspectos más preocupantes es la proximidad de la refinería a dos centros educativos: la primaria Abías Domínguez y el jardín de infancia Agustín Melgar, situados a menos de cinco metros de la instalación. La legislación mexicana exige una distancia mínima de 500 metros entre escuelas y ductos o instalaciones peligrosas, pero desde los patios de estas escuelas se observa la gran llama de la refinería, que emite ruido constante y representa un riesgo latente para los 25 mil habitantes de Paraíso.
Los alumnos han sido evacuados en al menos tres ocasiones debido al temor por su seguridad, sin que las autoridades hayan atendido durante casi dos años las solicitudes de reubicación de padres, madres y docentes. En febrero pasado, la secretaria de Educación de Tabasco descartó estas demandas, argumentando que no se pueden crear “escuelas herméticas” y que se debe “aprender a convivir con la refinería”. Sin embargo, recientemente la presidenta federal Claudia Sheinbaum solicitó reubicar los centros escolares.
Este incidente pone en evidencia los riesgos sociales, ambientales y estructurales que enfrenta un proyecto clave para la política energética de México, con implicaciones para la región latinoamericana, que sigue de cerca las iniciativas de autosuficiencia petrolera y las controversias en torno a su desarrollo.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS México.
