América Latina y el Caribe se posicionan como protagonistas indispensables en la transformación productiva global hacia un modelo sostenible. La región, que alberga el 60 % de la biodiversidad terrestre y vastas reservas de agua dulce, es un actor fundamental en la mitigación del cambio climático y en la transición energética mundial.
Históricamente vista como un pulmón verde que el mundo debe preservar, la región enfrenta ahora el desafío de consolidar su liderazgo ambiental con apoyo financiero sólido. Para ello, es imprescindible implementar mecanismos que establezcan precios justos al carbono y reconozcan el valor económico de los servicios ecosistémicos.
Más allá de su papel como reserva natural, América Latina y el Caribe destacan por su potencial en energías renovables y riquezas minerales críticas. Por ejemplo, concentran más del 65 % del litio global, esencial para la electrificación y el desarrollo de tecnologías limpias.
En materia alimentaria, la región abastece a más de 1.300 millones de personas y puede avanzar hacia sistemas agropecuarios sostenibles que aseguren producción sin aumentar la deforestación, promoviendo prácticas regenerativas que benefician a todos los actores de la cadena productiva.
Al mismo tiempo, la región reclama un espacio justo en las negociaciones internacionales, donde se discuten los grandes retos ambientales y los riesgos económicos asociados a la gestión de recursos. El cambio de paradigma implica superar el extractivismo tradicional y construir alianzas basadas en la sostenibilidad y el compromiso con la transición energética.
Así, América Latina y el Caribe buscan redefinir su rol en un contexto geopolítico complejo, proponiéndose como fuente esencial de soluciones globales que integren producción responsable, conservación y desarrollo económico.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS.
