La disputa interna en Morena, el partido gobernante en México, ha escalado tras la reciente votación en contra de la iniciativa presidencial de reforma política por parte de legisladores aliados. El morenismo ha emprendido una fuerte campaña en su contra, calificándolos de traidores y cuestionando su lealtad al movimiento.
Este episodio refleja la fragilidad de los principios que dicen guiar a Morena, un partido relativamente joven formado en buena parte por desertores de otras fuerzas políticas, especialmente del PRI. La lealtad al líder, más que la claridad ideológica, ha sido el vínculo que mantiene unida a esta coalición heterogénea.
Figuras prominentes como Alfonso Durazo, Javier Corral y Miguel Ángel Yunes han sido señaladas como parte de una élite interna vigilante frente a posibles deserciones. Durazo, en el Consejo Nacional de Morena, enfatizó la importancia de la unidad y advirtió que la lealtad podría garantizar continuidad política más allá de 2027, en una clara invitación a aceptar la disciplina interna y el acomodamiento táctico.
En este contexto, los legisladores del Partido Verde y del Partido del Trabajo que votaron en contra de la reforma han sido duramente criticados. Se les acusa de carecer de valores, enriquecerse en sus cargos y adoptar posturas conservadoras, etiquetas que buscan deslegitimar su oposición.
Este episodio no solo evidencia la tensión interna en Morena, sino que pone en alerta a toda Latinoamérica sobre los desafíos que enfrentan movimientos políticos construidos más sobre lealtades personales que sobre proyectos claros. La estrategia de premiar la obediencia y castigar la disidencia puede afectar la estabilidad política y la calidad democrática en la región.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS México.
