La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha impulsado una profunda reestructuración de su gabinete en menos de tres meses en el poder, marcando un giro claro en la influencia del madurismo y definiendo un nuevo perfil para su gestión. Desde que asumió el cargo el 3 de enero, Rodríguez ha realizado 13 cambios ministeriales, casi la mitad de los 32 cargos principales del Ejecutivo, una renovación que incluye carteras clave como Defensa, Transporte, Hidrocarburos, Energía Eléctrica, Trabajo, Vivienda, Educación Universitaria, Turismo y Cultura.
Esta renovación se aceleró especialmente en marzo, con movimientos que también involucran la estructura militar tras la destitución del general Vladimir Padrino López como ministro de Defensa, cargo que ocupaba desde hace 12 años y que simbolizaba la continuidad del madurismo en el poder. Su reemplazo fue el general Gustavo González López, un militar con experiencia en inteligencia y vínculos con la cúpula del PSUV, destinado a garantizar la lealtad institucional y mantener la estabilidad en el aparato militar.
Además, se han hecho cambios en otros altos mandos militares, como la Dirección de Contrainteligencia Militar y el Comando Estratégico Operacional, buscando consolidar un nuevo equilibrio de poder en las fuerzas armadas que respalde a Rodríguez.
En el sector civil, la presidenta encargada ha promovido a profesionales con formación técnica, como Rolando Alcalá en Energía Eléctrica, un área tradicionalmente controlada por militares pero con resultados administrativos problemáticos durante el chavismo. También ha reubicado a figuras políticas relevantes, como el ex fiscal general Tarek William Saab, quien ahora preside un programa cultural sin gran relevancia política, lo que indica un intento por redefinir roles sin romper con la base ideológica de la revolución bolivariana.
Estos movimientos reflejan un reacomodo interno y la consolidación del círculo de confianza de Rodríguez, más que una apertura democrática o un cambio en la orientación política del régimen. La estrategia apunta a fortalecer su posición y asegurar el control político y militar frente a la crisis y la incertidumbre que enfrenta Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro en un operativo militar estadounidense.
Contexto para Latinoamérica: La transición dentro del chavismo podría impactar la dinámica política regional, dada la relevancia de Venezuela en el continente y las tensiones que genera la continuidad o cambio en su liderazgo. Los movimientos en el gabinete y en el mando militar podrían definir la estabilidad interna y las relaciones internacionales del país en el corto y mediano plazo.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS.
