En una medida que refleja tensiones crecientes en la región, Costa Rica anunció el cierre de su embajada en La Habana y la expulsión de los diplomáticos cubanos destacados en su territorio. El presidente Rodrigo Chaves afirmó que su país ya no reconoce la legitimidad del régimen comunista cubano, citando el trato represivo y las condiciones precarias que enfrentan los habitantes de Cuba.
Chaves declaró a la prensa que «hay que limpiar al hemisferio de comunistas» y reiteró su negativa a otorgar legitimidad a un régimen que, según él, «oprime y tortura a casi 10 millones de cubanos». Esta decisión marca el fin de las relaciones diplomáticas entre Costa Rica y Cuba, con un plazo hasta finales de marzo para que el personal diplomático cubano abandone el país.
El presidente anunció que, si Cuba lo desea, podrá mantener únicamente personal consular para atender a unos 10,000 residentes cubanos en Costa Rica, mientras que los costarricenses en Cuba serán asistidos desde Panamá. Cabe destacar que la embajada costarricense en La Habana no tenía personal diplomático desde el 5 de febrero.
Este movimiento se alinea con la postura de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump, aliado político de Costa Rica, que mantiene una política de presión y bloqueo energético contra Cuba. El canciller Arnoldo André Tinoco explicó que la decisión fue tomada en conjunto con el presidente Chaves durante una visita a la frontera con Nicaragua.
El gobierno cubano calificó la medida como «arbitraria» y producto de presiones externas, señalando que Costa Rica se suma a la estrategia estadounidense para aislar a Cuba en América Latina. La reacción oficial cubana destacó que esta acción no considera los intereses nacionales ni el bienestar del pueblo cubano.
Esta ruptura representa un cambio significativo en las relaciones diplomáticas en Latinoamérica, reflejando las divisiones ideológicas que aún persisten en la región.
Información basada en reportes publicados por Deutsche Welle. Fuente original
