El campo petrolero de Cantarell, ubicado en la Sonda de Campeche, México, ha presentado al menos 14 derrames de petróleo significativos desde marzo de 2023. Reconocido por ser uno de los yacimientos más productivos del mundo, este sitio ha sido identificado por el Gobierno mexicano como uno de los orígenes del reciente derrame que afecta las costas del Golfo de México desde hace casi un mes.
Las manchas de petróleo se han extendido ya más de 600 kilómetros, desde Tabasco hasta la frontera norte con Tamaulipas, afectando múltiples ecosistemas marinos y provocando la muerte de especies como tortugas, peces y delfines en las playas. Comunidades costeras han denunciado la gravedad del impacto ambiental y social.
Expertas consultadas advierten que cualquier contaminación petrolera, incluso si no alcanza las playas, genera consecuencias ambientales y sociales importantes. Solicitan la implementación urgente de un sistema de monitoreo constante para detectar y controlar estos vertidos.
El sistema Cerulean, desarrollado por la organización ambientalista SkyTruth, utiliza imágenes satelitales y aprendizaje automático para identificar derrames y su posible origen. Desde su primera detección en marzo de 2023, ha registrado múltiples eventos de contaminación en Cantarell, algunos con superficies mayores a 30 kilómetros cuadrados.
En febrero de 2026 se registraron dos grandes derrames en la misma zona, uno de 35 kilómetros cuadrados y otro de 43, ubicados entre plataformas petroleras y embarcaciones, según imágenes satelitales revisadas por EL PAÍS.
Durante una conferencia del grupo interdisciplinario encargado de atender el derrame, se indicó que la fuente podría ser un barco y dos chapopoteras, emanaciones naturales de petróleo y gas metano desde el subsuelo. Sin embargo, las autoridades mexicanas, incluida la Secretaría de Marina y la presidenta Claudia Sheinbaum, han señalado que no se descarta un posible fallo en la infraestructura petrolera de Pemex.
La investigadora Abigail Uribe Martínez, especialista en percepción remota, explica que las imágenes muestran petróleo asociado a la infraestructura petrolera, lo que sugiere que estos vertidos no provienen exclusivamente de emisiones naturales.
La situación sigue en desarrollo y exige vigilancia para mitigar daños mayores en los ecosistemas marinos y en las comunidades que dependen de ellos.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS. Fuente original.
