La cooperación y la movilidad académica entre Europa y América Latina están en un punto de atención renovada, impulsadas por proyectos como Energytran, que involucra a investigadores de la región trabajando en tecnologías limpias como el litio y el hidrógeno verde. Este proyecto ha facilitado la movilidad de científicos latinoamericanos a países europeos, como Holanda y Alemania, y prepara nuevas colaboraciones con universidades de Polonia, Italia, Portugal y España.
Según Ana Capilla, directora general de Educación y Ciencia de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), este tipo de iniciativas fortalecen redes de investigación enfocadas en la transición sostenible. Sin embargo, la movilidad académica entre ambos continentes sigue siendo baja, con menos de medio millón de estudiantes latinoamericanos en movilidad, frente a 1,5 millones anuales en la Unión Europea.
El programa europeo Horizon Europe está abierto a la cooperación global, permitiendo la participación de todos los países latinoamericanos, aunque el acceso a financiamiento varía según su clasificación económica. Brasil, México, Chile, Panamá y Uruguay, por ejemplo, deben demostrar que su participación es esencial para obtener fondos.
El sueño de un espacio académico común se planteó en 1999, pero hasta ahora los avances en movilidad y reconocimiento de títulos son limitados. La mayoría de estudiantes latinoamericanos se trasladan a Estados Unidos para estudiar o investigar, y aunque Brasil y México están entre los mayores receptores de becas Erasmus+ (563 y 572 respectivamente entre 2021 y 2025), estos números son insuficientes frente a las metas planteadas hace más de dos décadas.
La falta de recursos y la escasa voluntad política son obstáculos clave. Ana Capilla señala que, aun contando con presupuesto, el reconocimiento mutuo de estudios depende de decisiones gubernamentales. Además, las iniciativas actuales son dispersas y con poco respaldo institucional. La cofinanciación desde América Latina y el Caribe también se demora, en una región que destina apenas el 0,6% de su PIB a la educación e investigación.
La consolidación de un espacio académico común euro-latinoamericano podría potenciar la innovación, el desarrollo tecnológico y la formación de talento, aspectos fundamentales para el crecimiento sostenible de la región.
Información basada en reportes publicados por DW.
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