La violencia relacionada con el movimiento incel vuelve a impactar las escuelas mexicanas y alerta a Latinoamérica sobre riesgos crecientes en la juventud. En Michoacán, un adolescente de 15 años, Osmer H., atacó con un fusil AR-15 a dos maestras en la preparatoria privada Antón Makárenko de Lázaro Cárdenas, causando sus muertes.
Nueve horas antes del ataque, el joven publicó en sus redes sociales mensajes con contenido misógino y videos alusivos a tiroteos escolares, expresando odio hacia las mujeres. La policía confirmó que el ataque fue directo y planificado; una víctima recibió un disparo, mientras que la otra fue alcanzada por tres balas al intentar protegerse.
Este acto está vinculado a la subcultura incel, integrada principalmente por hombres que se consideran ‘célibes involuntarios’ y que promueven discursos extremistas contra la feminización social, llegando en casos extremos a incitar a la violencia.
El arma utilizada, un fusil AR-15 de uso exclusivo militar, fue hallada en la casa del adolescente, aunque no pertenece formalmente a su familia, lo que reaviva el debate sobre el acceso de jóvenes a armamento letal en México.
Especialistas en derechos de infancia señalan que el ataque no es un acto aislado, sino resultado de un proceso con señales previas ignoradas, y subrayan la responsabilidad tanto del Estado como de los adultos en prevenir estas tragedias.
El fenómeno incel, originado y más difundido en Estados Unidos, ha mostrado patrones similares en ataques previos: radicalización, planificación, difusión en redes sociales y búsqueda de notoriedad. Casos como el de Elliot Rodger en 2014 han servido de inspiración para imitadores, y México ya ha registrado incidentes relacionados, como el asesinato en Ciudad de México en 2025 por un joven vinculado a estos grupos.
El contexto de violencia prolongada en Michoacán y la falta de inversión en prevención agravan la situación. Expertos advierten que los jóvenes expuestos a esta violencia tienden a reproducirla, mientras que las autoridades no implementan políticas efectivas para frenar este fenómeno.
Este incidente pone en evidencia la necesidad urgente en Latinoamérica de reforzar el control de armas, la detección oportuna de señales de radicalización y la intervención social para proteger a niños y adolescentes.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS.
