La contienda por la presidencia de Colombia ha saltado al Congreso, donde dos de los principales aspirantes mantienen sus curules y confrontan públicamente sus posturas. Este fenómeno no se veía desde 1978, cuando los senadores Julio César Turbay y Belisario Betancur se enfrentaron en la misma etapa electoral.
Actualmente, Iván Cepeda, líder de la izquierda y favorito en las encuestas, y Paloma Valencia, representante de la derecha tradicional, comparten la plenaria del Senado, manteniendo sus cargos mientras avanzan en sus campañas. Esta coyuntura marca un cambio significativo en la dinámica electoral, ya que en elecciones anteriores los candidatos no solían ser congresistas activos.
En el reciente debate legislativo, tras meses de receso, Cepeda llamó a sus colegas a no usar el recinto para proselitismo político, denunciando una campaña basada en «mentiras, calumnias e injurias». Su crítica surgió luego de que un senador de derecha atacara a Aida Quilcué, lideresa indígena y fórmula vicepresidencial de Cepeda, quien también conserva su asiento en el Senado.
Por su parte, Valencia acusó al actual Gobierno de intervenir directamente en la contienda electoral, señalando que se destinan 12 billones de pesos a empleos militantes y 2 billones en publicidad durante la ley de garantías. Criticó además la seguridad y la situación social del país, exigiendo respuestas claras a sus rivales.
Otros candidatos como Clara López y Aida Quilcué también permanecen en sus cargos legislativos, confirmando que el Congreso será un campo clave para la disputa presidencial.
Este escenario latinoamericano refleja cómo la política colombiana se polariza y utiliza todos los espacios institucionales para la confrontación electoral, con implicaciones en la estabilidad y gobernabilidad regional.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS.
