La crisis energética y la escasez de alimentos en Cuba continúan generando tensión social con impacto regional. En la madrugada del 14 de marzo de 2026, habitantes del municipio Morón, en la provincia Ciego de Ávila, realizaron una protesta que encendió alarmas por su escalada violenta.
Lo que comenzó como una manifestación pacífica con centenares de personas recorriendo las calles, golpeando cacerolas y con linternas de teléfonos encendidas, terminó con el asalto a la sede del Partido Comunista de Cuba, única fuerza política legal en el país.
Según reportes del periódico oficial Invasor, un grupo reducido de manifestantes lanzó piedras contra el inmueble y provocó un incendio con muebles de la recepción en la vía pública. Cinco personas fueron detenidas por estos actos catalogados como «hechos vandálicos».
Los manifestantes, de diversas edades, expresaron su descontento con consignas como «¡Corriente y comida!», «¡Libertad!», «¡Patria y Vida!» y «¡Abajo la dictadura!», además de insultos contra el presidente Miguel Díaz-Canel, según videos difundidos en redes sociales.
Fuerzas especiales del Ministerio del Interior intervinieron para dispersar a los congregados y procedieron a las detenciones. Además, se reportaron daños en otros establecimientos estatales de la zona.
La protesta refleja la creciente frustración de la población ante los prolongados apagones y la escasez de productos básicos, que han llevado a manifestaciones nocturnas y cacerolazos en distintas localidades cubanas.
Esta situación tiene implicaciones para Latinoamérica, pues evidencia la persistente inestabilidad social en la isla y sus efectos en la región, desde la migración hasta la diplomacia.
Información basada en reportes publicados por Deutsche Welle. Fuente original.
