La gastronomía latinoamericana encuentra en Patricio Cáceres un defensor de la cocina tradicional chilena, que mantiene viva la esencia de los sabores criollos y auténticos. Desde Concepción, donde nació en 1969, hasta la capital chilena, Cáceres ha dedicado su carrera a preservar y promover recetas clásicas con una ejecución rigurosa, buscando reflejar la identidad cultural en cada plato.
Durante más de diez años, junto a su esposa, dirige Motemei, Casa Taller, un espacio privado en Santiago que combina restaurante, talleres y degustaciones centrados en la comida chilena tradicional. Aquí, clásicos como humitas, cazuelas, pasteles de choclo y charquicán son protagonistas permanentes más allá de las celebraciones patrias, contribuyendo a la difusión de la riqueza gastronómica local.
En entrevista, Cáceres reconoce la irregularidad de la oferta gastronómica en Chile tras la pandemia, pero recomienda seguir a chefs como Pepe Ozaki y Claudio Úbeda, quienes aportan calidad y concepto a sus propuestas. Además, destaca Mordiscón en Las Condes como el mejor lugar para degustar un Barros Luco, un sándwich emblemático, acompañado por la atención única de Evaristo.
Respecto a los desayunos, prefiere la experiencia auténtica de Talca, en la Región del Maule, donde disfruta del café con ‘camión y carro’ y sándwiches de jamón con palta en churrascas tradicionales, rechazando las grandes cadenas por falta de calidad y alma.
Motemei también ofrece sesiones exclusivas llamadas “mantelito blanco”, ideales para cenas románticas con servicio clásico y platos para compartir, una propuesta poco común en la región. Para quienes buscan alternativas en Providencia, menciona bistrós como Le Bistrot de Gaetan y Los Canallas, que combinan buena gastronomía con precios accesibles.
En su hogar, Cáceres prefiere productos frescos comprados directamente a pequeños proveedores y conserva frascos caseros con salsas picantes y alimentos listos, una forma de encapsular el sabor chileno. Considera imprescindible contar con cuchillos bien afilados, herramienta clave en la cocina.
En cuanto a placeres culposos, no duda en mencionar el disfrute del pan marraqueta antiguo con sopeo, la pelea por la médula en las cazuelas y los berlines fritos acompañados de una Coca Cola grande en Talca, pequeños detalles que reflejan la conexión emocional con la comida tradicional.
La experiencia y visión de Patricio Cáceres ofrecen una perspectiva valiosa para Latinoamérica, donde la recuperación de las raíces culinarias y el respeto por la autenticidad pueden fortalecer la identidad regional y promover un turismo gastronómico consciente y respetuoso.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS Chile. Fuente original
