Cuba y EE.UU. reanudan negociaciones bajo tensiones políticas y geopolíticas

Las recientes negociaciones entre Cuba y Estados Unidos, inicialmente negadas por La Habana, han sido finalmente reconocidas por el gobierno cubano, pese a mantener un discurso hermético y acusatorio hacia el embargo estadounidense, a quien responsabilizan por la situación actual.

El presidente Miguel Díaz-Canel ha confirmado que Cuba se está alineando con la Doctrina Monroe en materia de seguridad regional, tras la orden ejecutiva emitida por Donald Trump el 29 de enero de 2026, que señalaba a la isla como una amenaza hemisférica.

Esta colaboración se enfoca en combatir el narcotráfico, terrorismo, lavado de dinero, trata de personas y migración ilegal, una disposición que el Ejército cubano ha mostrado históricamente, aunque siempre condicionada por la postura antiimperialista del Partido Comunista, legado de Fidel Castro.

El actual entendimiento con la administración Trump y el senador Marco Rubio marca una diferencia con la apertura diplomática impulsada por Barack Obama en 2014, destacando un predominio del realismo en seguridad sobre la tradicional agenda antiimperialista del bloque bolivariano.

Este giro parece reflejar la influencia del raulismo frente al fidelismo dentro de la cúpula cubana, especialmente ante la avanzada edad de Raúl Castro y las limitaciones del gobierno de Díaz-Canel, quien ha sido un defensor del legado fidelista.

Aún se desconoce la resistencia que pueda generar este cambio dentro del Partido Comunista y sus estructuras ideológicas, así como el posible boicot de sectores militares y de la élite empresarial vinculada al poder en Cuba.

Además, las redes bolivarianas en Latinoamérica, debilitadas y reducidas a sectores minoritarios en partidos de izquierda, probablemente se opongan a esta negociación.

Mientras se desarrollaban las conversaciones secretas en México, el gobierno cubano fomentaba una narrativa de resistencia y sacrificio popular ante una posible intervención estadounidense, una imagen que sigue influyendo en sectores de la izquierda latinoamericana, especialmente en países como México, que están experimentando tensiones políticas internas.

También genera controversia la respuesta pasiva de gobiernos de izquierda en Brasil y Colombia frente a la influencia estadounidense en Venezuela y el cerco energético a Cuba.

Este contexto plantea que tanto el inmovilismo interno cubano como el debilitado bolivarianismo regional serán actores claves en la respuesta a este nuevo acercamiento entre Washington y La Habana.

El desarrollo de estas negociaciones será determinante para la orientación política y estratégica de la región en los próximos meses.

Información basada en reportes publicados por EL PAÍS.


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