La economía de Cuba se encuentra en una situación crítica que afecta no solo a la isla, sino que tiene implicaciones para toda Latinoamérica. El país enfrenta un colapso inminente debido a múltiples distorsiones internas, reconocidas incluso por su presidente, Miguel Díaz-Canel, quien admitió la necesidad de reformas profundas mientras negocia con Estados Unidos.
En la actualidad, la desigualdad salarial es marcada: un taxista puede ganar más que un médico o una peluquera. La coexistencia de varios tipos de cambio y la dependencia casi total de bienes importados agravan la crisis. Además, la producción agrícola es insuficiente para satisfacer la demanda nacional y la escasez de talento, provocada por la emigración de cerca del 20% de la población, especialmente jóvenes, limita la recuperación.
El proceso de reconstrucción económica será complejo y prolongado. Se deberá desmontar un sistema que ha operado bajo un modelo socialista caribeño durante más de seis décadas. La administración estadounidense, liderada por Marco Rubio, ha planteado que la transición podría inspirarse en el modelo aplicado en Venezuela, aunque Cuba no posee los mismos recursos naturales que su vecino.
El turismo sigue siendo una apuesta clave para la recuperación, apoyado en infraestructuras hoteleras públicas y de inversión extranjera, principalmente española. Sin embargo, la agricultura y la generación eléctrica son prioridades urgentes. La restauración del sistema eléctrico, en particular, requerirá inversiones estimadas en 10.000 millones de dólares y entre cinco y diez años para recuperar la capacidad instalada, en gran parte obsoleta desde la era soviética.
Además, la economía necesita un paquete integral de estabilización que contemple liberalización monetaria, ajustes fiscales y una fuerte inversión en infraestructura básica, incluyendo carreteras, viviendas y servicios públicos como agua potable y recolección de residuos.
Un aspecto fundamental para los expertos es la apertura al sector privado y el desmontaje del control estatal, que actualmente domina el 90% de los medios productivos y regula estrictamente la actividad privada, desde importaciones hasta producción agrícola cooperativa.
Tamarys Bahamonde, economista cubana, señala que la crisis es sistémica, afectando todos los ámbitos sociales y económicos. Para ella, la recuperación pasa por fortalecer la producción, el empleo y gestionar la migración, factores que inciden directamente en la alta inflación, la caída del PIB y la pérdida de poder adquisitivo, con salarios promedio entre 16 y 54 dólares mensuales.
La población cubana disminuyó un 10% en un año, entre 2022 y 2023, llegando a aproximadamente 10 millones de habitantes, según datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de 2024. Este descenso se atribuye a la emigración, elevada mortalidad y bajo crecimiento demográfico.
Esta situación de crisis prolongada y profunda obliga a Cuba a considerar reformas estructurales que no solo impactarán a la isla sino que también tendrán repercusiones en la región, dada la importancia geopolítica y económica del país en el Caribe.
Información basada en reportes publicados por EL PAÍS.